Google Buzz y la privacidad

Con la aparente histeria con que Google últimamente se mueve para instalarse mejor en el ámbito de la web social (algo en lo que, de momento, no ha conseguido los resultados avasalladores que sí ha tenido en el pasado), ha aparecido su nuevo pseudo-twitter: Google Buzz.

También con el afán de captar instantáneamente su enorme base de usuarios e intentar arañar un poco la clientela de Twitter o Facebook, Buzz ha aparecido repentinamente en nuestro Gmail. Nos invitan amablemente a probarlo sin tener que configurar la cuenta; si aceptamos, automáticamente seguimos a todos nuestros contactos que hayan aceptado tan prometedora invitación, y automáticamente nos siguen. Buena estrategia para ampliar en muy poco tiempo la lista de usuarios de Buzz.

Pero cuidado ante tanta amabilidad, porque implica un montón de cuestiones delicadas respecto a la privacidad de los datos de los usuarios. Ver por ejemplo esta nota en Genbeta:

El arranque de Google Buzz ha sido completamente desastroso. Una empresa del tamaño de Google no puede permitirse el lujo de lanzar un servicio que compromete de múltiples formas la privacidad de los usuarios, tal y como ha sucedido. Como ya adelantó mi compañero Javier Muniz en su Buzz A Fondo, la estratagema de aceptar automáticamente seguidores expuso conversaciones y comentarios privados de montones de usuarios.

El resto del artículo no tiene desperdicio.

El propio Google ha rectificado rápidamente algunos aspectos de Buzz y la forma en que funciona, tras recibir una avalancha de encendidas críticas. Basta buscar (y para ello utilicemos, no por nada, otro buscador que no sea Google) privacidad en Buzz o privacy Google Buzz. Pasen y vean.

Por mi parte, que no me busquen en Buzz (de momento; probablemente, nunca.) Pese a que me gustan muchos productos de Google, en especial Docs, Reader, Calendar y, claro, Gmail, el lanzamiento de Buzz me ha parecido demasiado agresivo, precipitado, ofensivo e irreflexivo, sin respeto por una idea que por mucho que le pese a Google es muy generalizada: el email es algo intrínsecamente privado, y no puedes asumir que todos los usuarios quieran socializarlo de mala manera sin tener en cuenta las consecuencias.