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Editores de texto
Uno de los principales motivos por los que la mayoría de gente compraba ordenadores (antes de popularizarse los juegos multimedia e internet) era tener un procesador de textos en casa. Este programa, como pieza clave de los ordenadores domésticos y de oficina, es sin duda una de las herramientas más pobremente entendidas y mal utilizadas del mundo. Se ha utilizado como una máquina de escribir sofisticada, cuando eso es sólo el principio de lo que puede ofrecernos. Un procesador de textos y una buena impresora (láser o inkjet) se parece más a una imprenta profesional que a la vieja máquina de escribir mecánica.
Texto con o sin formato
Es cierto que los
primeros procesadores de textos, combinados con una
rudimentaria impresora matricial, no ofrecían mucho más que
la venerable y escandalosa Olivetti. Pero estamos hablando de
hace ya mucho tiempo. Estos últimos años, los procesadores
han incorporado unas prestaciones que entran de lleno en lo
que se consideraba antes autoedición, e incluso edición
profesional.
La calidad de un documento que ahora preparamos en Word, StarWrite, Wordperfecto o un programa similar, no tiene nada que envidiar al producto de una imprenta. Pero el programa no lo hará pos sí solo; deben tenerse en cuenta unos cuantos criterios de diseño de página, tipografía y, sobre todo, buen gusto y sentido común. Algunas de las prestaciones interesantes que incorporan estos modernos procesadores facilitan mucho que obtengamos estos resultados. Para ello, cada programa maneja sus propios códigos y los ficheros que genera suelen ser específicos del programa, y de la versión con que se han preparado. De ahí muchos problemas para abrir documentos de un procesador en otro distinto, o para manejar versiones distintas.
Para no tener problemas de formato, muchos expertos recomiendan lo siguiente: primero escribir, sin preocuparse de letras, tamaños, espaciados... al tener todo el escrito preparado ya se aplicará el estilo. Además, puede guardarse el texto sin formato (.txt) para reutilizarlo si es necesario, en cualquier otro programa.
Los programas trabajan en un modo wysiwyg (lo que ves es lo que se obtiene —teóricamente, al menos.) Suelen ir más deprisa en modo borrador o normal, de manera que a menudo es práctico trabajar así y de tanto en tanto ver la presentación preliminar del documento.Adaptar la interfaz del programa.
Las barras de iconos
de la parte superior de la pantalla facilitan la aplicación
de estilo al texto: siempre es más fácil hacer un solo clic
en el icono que desplegar el menú correspondiente y elegir la
opción deseada. Dado que las barras de iconos son
configurables y suelen estar superpobladas, podemos eliminar
todos aquellos botones que raramente utilizamos y, en cambio,
colocar aquello que sí usamos con frecuencia. Por ejemplo,
para pasar a negrita, basta hacer clic sobre el icono con la
“N”... y si aprendemos algunos atajos de teclado,
aún podemos ahorrar más tiempo, viajando menos del teclado al
ratón y del centro de la pantalla a la barra del menú y
viceversa. Los atajos más prácticos son los de edición:
copiar, cortar, pegar... para ver la combinación de teclas
que los activa, basta echar un vistazo al lado de las
opciones del menú Edición: Ctrl + C: copia; Ctrl + V: pega;
Ctrl + X: Corta. Las principales se aprenden en seguida y
ahorran mucho tiempo.
A pesar de que todos los procesadores actuales funcionan con ratón, para desplazamientos por el texto sigue siendo mejor usar el teclado: las teclas de dirección (las flechas) permiten un movimiento rápido y fino, y en combinación con otras teclas permiten selecciones rápidas.
Control tipográfico.
Los procesadores de texto son capaces de realizar un buen tratamiento tipográfico. Debe tenerse en cuenta una serie de recomendaciones que citaremos aquí; el programa las activa en diferentes opciones de sus menús de formato de párrafo y fuente.
Versales (o versalitas). Si
empleamos texto en mayúscula como énfasis, o queremos incluir
siglas, como ONU, OTAN... es preferible utilizar las
versales, unas “pequeñas minúsculas” más
elegantes en combinación con el texto normal. Aunque existen
variantes de tipografías específicamente diseñadas para
funcionar como versales (las variantes SC —de small
caps), el programa puede simularlas con cualquier tipo
de letra. No queda tan profesional, pero es aceptable: mejor
que las mayúsculas ordinarias.
Conversión mayúsculas a minúsculas. Si tenemos problemas con
textos que incluyen partes en mayúscula que debieran ser
minúsculas o tipo oración, o situaciones semejantes, puede
solucionarse rápidamente sin reescribir. Por ejemplo, en
Word, elegimos Formato | Cambiar Mayúsculas y Minúsculas y
automáticamente se arreglará según indiquemos. El
artículo siguiente de
esta sección trata este punto en detalle.
Incluir gráficos e ilustraciones.
Aunque los ejemplos de clipart que incluyen los programas
suelen ser horrorosos, también pueden incorporarse imágenes
originales en formatos estándar, como bmp, tif o jpg.
Tendremos diversas opciones para colocar la imagen y rodearla
de texto, incluso siguiendo el contorno irregular de la
imagen.
Texto distribuido en columnas. Puede hacerse fácilmente para
la totalidad o parte del documento; las columnas pueden ser o
no simétricas y variarse el espacio entre ellas. No es una
prestación tan avanzada como la que tienen los programas de
maquetación digital, pero es más que suficiente.
Uso de tablas y tabuladores. Permiten una distribución exacta
en columnas y filas del texto y de datos. Esta opción es
necesaria para listados, índices... si optamos por utilizar
una tabla, puede configurarse el tamaño de las celdas, el
tipo de contorno, color de las casillas, y mucho más.
Autocorrección. Aunque la corrección automática de ortografía
puede resultar desesperante, tiene detalles interesantes: los
programas corrigen las comillas normales " ", por comillas
tipográficas “ ”, sustituyen dos guiones - - por
un guión largo —, ponen en mayúscula automáticamente la
primera letra de un párrafo y otros detalles. Por otro lado,
es conveniente hacer que el programa revise la
ortografía al terminar de escribir.
Uso de estilos
La gestión de estilos tal vez
una de las más notables características (i la más
infrautilizada por usuarios que, sin duda, se beneficiarían
mucho de ella.) Con los estilos, el trabajo de aplicar
formato al texto se simplifica y potencia mucho. Si definimos
los estilos antes de comenzar a teclear el texto, no
deberemos ocuparnos más de definir tipos de letra, tamaño,
alineación, espaciado... con una sola vez se aplicará decenas
o centenares de veces, sin equivocaciones. Por la importancia
que tiene el uso de estilos, en especial para documentos
largos y páginas web, lo discutimos con mayor detalle en
otra sección de esta
web.
Un beneficio adicional de los estilos —esta vez al margen de la aplicación de formato— está en la facilidad con la que obtendremos una tabla de contenidos o índice, generada automáticamente por el programa a partir de los Títulos de nivel 1, de nivel 2... cuerpo de texto, etc. y además también podemos utilizar una muy útil función llamada “mapa del documento”, que permite visualizar la estructura del documento y moverse rápidamente de una sección a otra, nuevamente en base a las definiciones de estilo. Esta función es especialmente útil para escritos en los que sea importante la estructuración y relación de las partes con el todo (por ejemplo, para los contenidos de una web.)
Más detalles sobre procesadores de texto y tratamiento avanzado de textos en la página siguiente: texto y autoedición.

